domingo, 28 de noviembre de 2010
¡Alcalde!. ¡Todos somos contingentes, pero tú eres necesario!
He aquí algunas muestras
En este enlace se accede al guión de la película, del que es autor el propio José Luis Cuerda
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Otoño en Ordesa
martes, 2 de noviembre de 2010
La octava víctima
“En los anales de la Cristiandad no se ha registrado nunca el acto de un individuo aislado y solitario que se imponga con tan tremendo poder a los corazones como el asesinato de exterminio, perpetrado durante el invierno de 1812*, en que John Williams arrasó dos hogares, aniquiló en una hora a casi dos familias y afirmó la propia supremacía sobre todos los hijos de Caín” (Thomas de Quincey: “Del asesinato considerado como una de las bellas artes”)
*En realidad los asesinatos ocurrieron en 1811. Se trata de un error de De Quincey
Las familias Marr y Williamson vivían en Ratcliffe Highway, peligrosísimo barrio londinense ribereño del Támesis poblado por marineros y comerciantes. En el lapso de 12 días, ambas familias fueron prácticamente aniquiladas por el marinero John Williams.
7 víctimas (entre ellas un bebé de 14 semanas) y una enorme conmoción en todo el país, por la brutalidad de las muertes. John Williams se suicida en la cárcel y es enterrado en la confluencia de cuatro calles (cerca de St. George’s Turnpike) con una estaca a travesándole el corazón. “Sobre él pasa por siempre el estrépito de la incesante agitación de Londres” (De Quincey)
Thomas de Quincey tiene muy pronto noticia de los hechos y de la impresión que han causado en toda Inglaterra: “Durante doce días consecutivos, creyendo equivocadamente que el asesino había dejado Londres, el miedo que sobrecogía a la gran metrópoli se difundió por toda la isla. Yo mismo me hallaba entonces a unas 300 millas de Londres, y en ese lugar, como en todas partes, el pánico era indescriptible”
De Quincey, morboso y obsesivo, reflexiona en tono humorístico sobre la estética del asesinato, bordeando la exaltación de la violencia. Escribe en 1827 y 1829 dos artículos presentados el primero como una conferencia leída ante la Sociedad de Conocedores del Asesinato y el segundo como la crónica de una cena de esta Sociedad. Su ambigüedad queda perfectamente reflejada en la conocida cita de su segundo artículo: “Si uno comienza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del Día del señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse: la ruina de muchos comenzó con un pequeño asesinato al que no dieron importancia en su momento”.
En estos artículos ocupan lugar preferente las atrocidades de Williams que ya habían sido “exaltadas” por De Quincey como paradigma del asesinato unos años antes en su ensayo “Los golpes a la puerta en Macbeth” (1823).
“El señor Williams efectuó su debut en el escenario de Ratcliffe Highway, perpetrando aquellos famosos asesinatos que le han procurado tan brillante e imperecedera reputación. A propósito de tales asesinatos, debo observar que en un aspecto al menos han tenido efecto adverso pues el buen conocedor en materia de asesinatos se muestra ahora muy remilgado en su gusto, insatisfecho ante todo lo que desde entonces se ha hecho en esta línea. Todos los demás delitos palidecen ante el intenso carmesí del suyo”.
En 1854, De Quincey publica como post-scriptum una crónica estremecedora de los asesinatos de Williams y de los también célebres de los M’Kean. Abandona todo rastro de humorismo. El tono trágico de la narración parece mostrar que De Quincey ha logrado conjurar los fantasmas que asomaban en sus anteriores relatos.
Si bien la información sobre los asesinatos era muy fragmentaria ante la práctica ausencia de testimonios (las dos familias fueron casi totalmente exterminadas y los supervivientes aportaron pocos datos útiles), De Quincey realiza una recreación de los hechos que logra transmitir toda la angustia, la desesperación y el terror de la muerte a manos de una bestia humana. Es realmente sobrecogedora.
Casi dos siglos después, la conocida escritora de novela policíaca, P.D. James, con el auxilio de T. A. Critchley, reconstruye la historia de estos terribles asesinatos. Utiliza para ello fuentes inéditas y llega a la fundada sospecha de que John Williams ni cometió los siete crímenes ni se suicidó, sino que pudo ser asesinado, convirtiéndose en “la octava víctima”.
“… a pesar de las deficiencias de gran parte de los datos contemporáneos, hay dos conclusiones que resultan indudables. John Williams fue virtualmente condenado y su memoria mancillada con unas pruebas tan inadecuadas, circunstanciales e irrelevantes que ningún tribunal competente lo hubiera procesado basándose en ellas. Y tanto si murió por su propia mano como a manos de otro, es como mínimo probable que el cadáver que fue inhumado con tanta ignominia en la encrucijada cercana a St. George’s Turnpike fuera el cuerpo de la octava víctima”.
Esta edición española de "La octava víctima" lleva a portada el dibujo del rostro de John Williams realizado, a las pocas horas de la muerte de éste, por el gran pintor inglés Sir Thomas Lawrence
domingo, 24 de octubre de 2010
El amor es eterno (mientras dura)
“Te querré toda tu vida, hasta que tu muerte nos separe” (Gulliver)
“La cadena del matrimonio es tan pesada que se necesitan dos para llevarla, y a veces tres” (Alejandro Dumas hijo)
“¿Qué serían los hombres sin las mujeres? Escasos, caballero, muy escasos” (Mark Twain)
“Las cataratas del Niágara son la segunda gran desilusión de la novia” (Oscar Wilde)
“Lo peor del matrimonio es la primera semana. Luego, ¡más te valdría no haber nacido!”(Anónimo)
“He tenido mala suerte con mis dos esposas. La primera me abandonó y la segunda, no” (Patrick Murray)
"Mi vida es una balsa de aceite, moteada de gotas de vinagre" (Gulliver)
“Cuando un hombre te roba la esposa, no hay mejor venganza que dejar que se la quede” (Sacha Guitry)
“Mi esposa y yo llevamos 47 años casados y ni una sola vez hemos tenido una discusión lo bastante grave como para pensar en el divorcio; en el asesinato sí, pero en el divorcio jamás” (Jack Benny)
“Mi mujer era básicamente inmadura. Yo estaba en casa en la bañera y ella entraba y me hundía los barcos” (Woody Allen)
Nota aclaratoria.- El título de esta entrada procede de la canción "Déjala" del compositor dominicano Rafael Solano en la versión grabada por el conocido cantante de bachatas Víctor Víctor.
"El amor es eterno
mientras dura
Y tú mirando la luna"
No he conseguido acceder a ninguna versión de la canción. En su lugar, y como conjuro del desamor, les ofrezco un par de hermosas bachatas de este cantante dominicano.
viernes, 15 de octubre de 2010
El fútbol tiene razones...
A veces conviene desengrasar las neuronas. Nada mejor para ello que un poco de humor inteligente.
Les ofrezco una pequeña maravilla fruto del soberbio talento de los Monty Python, que osaron enfrentar sobre el verde tapete de un campo de fútbol a la flor y nata de la filosofía griega y alemana. El resultado, indescriptible
domingo, 26 de septiembre de 2010
Pícaros del Nuevo Mundo
Sus armas: la imaginación y un elaborado código moral en el que la estafa ocupaba lugar preferente.
Decía Jeff Peters al respecto:
“Espero retirarme algún día de los negocios y cuando lo haga confío en que nadie sea capaz de sostener que yo he recibido jamás un solo dólar de nadie sin darle en cambio un quid pro rata. He procurado siempre dejar a mis clientes algo que puedan al menos guardar en su álbum o en el espacio comprendido entre su reloj de péndulo y la pared trasera de su cuarto de trabajo”.
Kentucky, Illinois, Carolina del Norte…, no hay Estado que se libre de las elaboradas técnicas de negocio que desarrollan este par de pícaros, cuya flexibilidad moral tiene, sin embargo, límites que deben respetarse:
“Hay dos géneros de ilicitud-dijo Jeff Peters- que debieran ser reprimidos por la ley. Me refiero a la especulación al estilo de Wall Street y al robo.
Todo el mundo concordará unánimemente contigo respecto, al menos, a una de esas ilicitudes –respondió Tucker riendo-
Pues el robo debe ser extirpado también -insistió Jeff- “
Peters y Tucker son fruto de la imaginación del gran escritor estadounidense William Sidney Porter, más conocido por su seudónimo de O.Henry, maestro del relato corto. Sus aventuras se incluyen dentro de un tomo de relatos denominado “The gentle grafter”, traducido al español como “El honrado tramposo”.
O.Henry vivió en el tránsito de los siglos XIX y XX, falleciendo en 1910. Los relatos que más fama le dieron son los agrupados bajo el nombre “Los 4 millones” (The Four Millions), que hace referencia al número de habitantes que tenía en aquella época la ciudad de Nueva York y los incluidos en la antología “Corazón del Oeste” (Heart of the West)
La vida de O.Henry tiene mucho de sorprendente. Tras ser acusado de desfalco, huyó a Honduras, país en el que vivió varios años y del que regresó voluntariamente, aceptando la cárcel a fin de poder estar cerca de su mujer gravemente enferma.
A O.Henry se debe el término “República bananera” (Banana Republic) empleado en su obra “Reyes y berzas” (Cabbages and Kings), al referirse a la República centroamericana de Anchuria (en realidad, Honduras)
Bandera de la República de Anchuria
“At that time we had a treaty with about every foreign country except Belgium and that banana republic, Anchuria.”
(En esos tiempos teníamos tratados con casi todos los países extranjeros excepto Bélgica y esa república bananera, Anchuria)
Las narraciones de O.Henry son especialmente recordadas por sus finales, inesperados y sorprendentes. Quizá su relato más conocido sea “El Regalo de los Reyes Magos”, que constituye un espléndido ejemplo de esta técnica.
sábado, 3 de julio de 2010
Tango y bolero en "Boquitas pintadas"
Boquitas pintadas es seguramente una de las más logradas novelas de Manuel Puig (1932-1990), escritor argentino mundialmente conocido por El beso de la mujer araña llevada al cine en 1985 por Héctor Babenco y protagonizada por William Hurt -que obtuvo un Oscar por su interpretación- y el inolvidable Raúl Juliá).
Manuel Puig se adentra en el mundo de las novelitas de amor, de los folletines (en la misma fuente de la que beben las telenovelas y los culebrones), realizando una espléndida crónica sentimental de una sociedad provinciana y de un tiempo. Boquitas pintadas toma su título de un verso del tango "Rubias de Nueva York" de Le Pera y Gardel.
Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas
pintadas.
Frágiles muñecas
del olvido
y del placer:
ríe su alegría
como un cascabel.
La novela se presenta como un "folletín en dieciséis entregas" que se agrupan en dos partes. Cada parte consta de 8 entregas y cada entrega está encabezada por un fragmento de un tango o de un bolero.
El juego de las canciones y sus letras permite al autor insertar el relato en su adecuado contexto narrativo, teniendo en cuenta los muy diferentes sentimientos expresados en el bolero (asociado al romanticismo, la nostalgia o el idilio) y en el tango (asociado a la sensualidad, la traición, la violencia o el amor fatal).
La primera parte -Boquitas pintadas de rojo carmesí- incluye fragmentos de “Cuesta abajo”, de Le Pera/Gardel (...era para mí la vida entera); “Charlemos, de Luis Rubinstein; “Rubias de Nueva York”, de Le Pera/Gardel (... deliciosas criaturas perfumadas,/ quiero el beso de sus boquitas pintadas); “Tal vez será su voz", de Manzi/Demare (Las sombras que a la pista trajo el tango/ me obligan a evocar a mí también,/ bailemos que me duele estar pensando/ mientras brilla mi vestido de satén); nuevamente “Rubias de Nueva York”, de Le Pera/Gardel (... dan envidia a las estrellas,/ yo no sé vivir sin ellas); “Cuesta abajo” de Le Pera/Gardel (... una lágrima asomada yo no pude contener); “Arrabal amargo” de Le Pera/Gardel (... todo, todo se ilumina); y “Volver” de Le Pera/Gardel (Yo adivino el parpadeo/ de las luces que a lo lejos/ van marcando mi retorno./ Son las mismas que alumbraron/ con sus pálidos reflejos/ hondas horas de dolor).
La segunda parte -Boquitas azules, violáceas, negras- incluye fragmentos de “Cuesta abajo”, de Le Pera/Gardel (...si fui flojo, si fui ciego,/ sólo quiero que comprendas/ el valor que representa/ el coraje de querer); “Volvió una noche”, de Le Pera/Gardel (Sus ojos azules, muy grandes se abrieron,/mi pena inaudita pronto comprendieron/ y con una mueca de mujer vencida/ me dijo: "Es la vida". Y no la vi más), (Se fue en silencio, sin un reproche,/ había en su alma tanta ansiedad...); “Mi Buenos Aires querido”, de Le Pera/Gardel (...fue el centinela/ de mi promesa de amor); nuevamente “Volvió una noche”, de Le Pera/Gardel (... las horas que pasan ya no vuelven más); “Golondrinas”, de Le Pera/Gardel (... la golondrina un día su vuelo detendrá); “Azul”, de Agustín Lara (...azul, como una ojera de mujer,/ como un girón azul, azul de atardecer); y, finalmente, “Volver”, de Le Pera/Gardel (Sentir,/ que es un soplo la vida,/ que veinte años no es nada,/ que febril la mirada/ errante en la sombra/ te busca y te nombra).
Como dice Emir Rodríguez Monegal, Manuel Puig crea en Boquitas pintadas un habla y una escritura basadas en la radionovela, el tango y el folletín. “Los personajes piensan con letras de canciones populares y se emocionan, aman, odian, hasta matan, apoyados en unos versos que escribió algún letrista más o menos olvidado”.
Boquitas pintadas fue publicada en 1969 y llevada al cine en 1974 por Leopoldo Torre Nilsson.