miércoles, 22 de marzo de 2017

1934: Companys y el general Batet. Es cuestión de dos cañones



Bulle la masa en la plaza
ardiendo de excitación,
hay oles y una ovación
y un fresco a una guapa abraza.
Deja Companys su taza
de café con magdalena
y se apresta a la faena.
Tras retocar su Gobierno
y ajustarse bien el terno,
abrir la ventana ordena.

Henchido de ardor guerrero
y al aire de una sardana
se aproxima a la ventana
quien de Maciá es heredero.
Con pasión y no exagero
de grandes tardes taurinas
ondean las barretinas
mientras vuelan las senyeras,
y emigran las billeteras
por gracia de manos finas.

-"¡Visca el Estat Català,
que da a España el finiquito
y estatuye un chiringuito
que menda presidirá!.
Como el inmortal Maciá,
que hoy yace entre los cipreses
nuestra nación de payeses
en solemne y gloriosa hora
dirá a la España opresora:
¡Nos vamos en unos meses!
  
-"La tierra de promisión
ya muy cerca nos espera,
no es momento de flojera,
sino de armas y de acción".
Al fin de su alocución,
tras pronunciar su soflama,
a Batet Companys llama
prometiéndole clemencia
si sirve con obediencia
y al nuevo Estado él aclama

-"Un triunfo tan de postín,
de salir por Puerta Grande,
exige que le demande,
General, sable y fajín".
Mas Batet con retintín
le responde en telegrama
con el siguiente epigrama:
- "Acuso atento recibo
de su envite delictivo
que deshonor me reclama

Con tan notorio motivo
he despachado instrucciones
de atajar alteraciones
con celo gubernativo.
Para hacer esto efectivo
basta un cabo con galones
y, detrás, dos pelotones
bregados y un poco agriados
que pongan bien emplazados
en San Jaime dos cañones"
 


jueves, 9 de marzo de 2017

Las cuentas del Gran Capitán



Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar (1453-1515), que ha pasado a la Historia de España como “El Gran Capitán”, tuvo un importante papel durante las campañas militares que llevaron a la conquista de Granada (1492).

Alcanzó gloria inmortal tras dirigir a las tropas españolas en Italia en sucesivas campañas contra Francia que terminaron por dar al Rey Fernando el Católico el control del Reino de Nápoles, sentando las bases para la expansión española por Italia que se desarrollaría en las siguientes décadas.

El Gran Capitán revolucionó el arte de la guerra siendo el principal impulsor de las técnicas de combate que dieron a los Tercios españoles el dominio en los campos de batalla durante un siglo y medio.

Nos narra la tradición que el rey Fernando el Católico pidió a don Gonzalo cuentas sobre los gastos en que había incurrido durante las victoriosas guerras italianas y que el Gran Capitán, sintiéndose ofendido por ese requerimiento le habría contestado de una forma altiva.

Existen varias versiones de esa respuesta. Una de ellas aparece recogida en una obra de teatro de Lope de Vega.

Sin embargo, la más conocida de todas es la siguiente:
Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.

Dentro de la colección de anécdotas de Historia de España que les ofrezco en mi serie de “Los Episodios Nacionales”, para todos ustedes, mi particular versión de “Las Cuentas del Gran Capitán” 

  -“En Italia guerreando
conquisté renombre y gloria,
que a Vos brindo en la victoria
mi Señor Rey Don Fernando.
Yo de Vos nada demando,
con humildad me presento,
mas si tenéis un momento,
y mejor si es un buen rato,
os haré breve relato
de mi bélico talento”

-“Saludable es, Don Gonzalo,
saber vuestras lides cruentas,
mas antes…, rendidme cuentas
para ver si las avalo.
Bien está vencer al Galo,
sin duda feliz suceso,
mas hoy su coste intereso,
aunque Rey tuyo y Señor,
tengo alma de Interventor
al que nadie da con queso”

-“Contadme, Gonzalo, presto,
cómo usasteis los dineros
que procuré de usureros
a un alto interés compuesto.
 Me gozo en el Presupuesto
y su desvío me aterra
yo me temo que esta guerra
al Tesoro va a hacer cisco,
y ese síncope del Fisco
a mí, de paso, me entierra”

-“Por contentaros, Señor,
os someto a aprobación
detallada Relación
con el saldo a mi favor
Soy del Fisco acreedor
por los siguientes asientos:
ducados diez mil quinientos
por desgaste de campanas
 tañendo a triunfo galanas
en iglesias y conventos

Picos, palas y azadones
para enterrar a los muertos
del enemigo en los huertos,
cien millones de doblones.
De frailes en oraciones
por las almas de soldados
en el combate inmolados,
en total, diez mil reales;
por pertrechos y arsenales
se abonaron mil ducados.

En postas y perdigones
no menos de cien florines,
pendones y banderines
costaron diez mil doblones.
…Y ducados cien millones
por soportar con paciencia
a mi Rey que en esta audiencia
las cuentas pide enojado
al que un reino ha conquistado
para gloria de Vuecencia”