martes, 19 de abril de 2011

No me mueve, mi Dios, para quererte


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera

(Anónimo S. XVI)

Este soneto constituye, sin duda, una de las cumbres de la poesía mística española. Profunda meditación sobre el misterio de la Pasión de Cristo

6 comentarios:

Neo... dijo...

Ay de mí, si ante la muerte de Cristo en la cruz no descubro el amor que Dios me tiene, que ha sido capaz, por amor, de entregar a su propio hijo por mi.
Gracias Gulliver por recordármelo.

jano dijo...

El soneto, Gulliver, es penetrante:
En el primer cuarteto Concluye el autor
"ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte".
Un amor condicionado que, en el primer terceto, se declara incondicional en una evidente transformación mística:
"Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera."
Ese temor, es una suposición personal, hace referencia al posible rechazo de Dios y al no gozo de la divinidad, que es el verdadero infierno; suposición fundada en el último terceto:
"No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera."

La "picha un lio" Gulliver, en estos temas transcendentes que nos hacen pensar, aunque no vivamos sin vivir en nosotros esperando tan alta vida, muriendo por no morir... Ya habrá tiempo, no tenemos prisa ¿Verdad?.
Una entrada recomendable, Gulliver, y un abrazo para usted y Neo.

Bate dijo...

Sobrecogedor, Gulliver.

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Ante estos versos tan logrados, tan sentidos, tan artísticamente perfectos, no valen las tomaduras de pelo de la poesía actual; del mismo modo que, ante la música de Beethoven o la pintura de Velázquez, nada significan los engendros musicales o pictóricos de hoy.

Monsieur de Sans-Foy dijo...

Y no se olvide de aquél de Lope que empieza:
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

Un afectuoso saludo, amigo mío.

Gulliver dijo...

Los sonetos de Lope son punto y aparte, Monsieur.
Por ejemplo, ese que empieza
¿Cómo podré, Señor, querer quereros
cuánto deseo por poder serviros?
¿Qué lágrimas, qué afectos, qué suspiros
derramaré, tendré, daré por veros?


Muchas gracias a todos por sus comentarios, un abrazo y Felices Pascuas