martes, 14 de octubre de 2014

El Quijote de Avellaneda




Nunca segundas partes fueron buenas, salvo la de El Quijote, … ¿gracias a Avellaneda?



Mi abuelo Manuel fue un enamorado del Quijote de Cervantes, del cual poseía varios ejemplares. Uno de ellos, viejo y gastado, presidía su mesilla de noche y aliviaba su dormir.

Yo contemplaba la pasión de mi abuelo con un cierto escepticismo. No podía ser que ese Quijote del que hablaba con fervor y cuyas sentencias y dichos repetía sin cesar, fuera una obra tan excepcional. ¿No era acaso el mismo tipo que yo había leído en el colegio en una de esas ediciones escolares que entregaron capado el Ingenioso Hidalgo a varias generaciones de niños españoles?

Llamaba de modo especial mi atención que, en su pasión quijotil, no se conformaba con ponderar las dos partes del Quijote (de su boca aprendí el dicho “nunca segundas partes fueron buenas, … salvo la de El Quijote”), sino que, a veces mencionaba otro Quijote, que llamaba “de Avellaneda”, y en el que encontraba gran solaz.
Alguna vez tuve en mis manos su, también gastado, ejemplar del “Quijote de Avellaneda” del que sólo acertaba a comprender que había sido escrito por un tal Licenciado Avellaneda, apropiándose del personaje de Cervantes.

Afortunadamente, el tiempo ha logrado curar algunos de mis vicios de juventud y hace ya unos cuantos -muchos- años que comprendí por fin la pasión de mi abuelo.

La lectura de la primera parte me llevó a la segunda y, en ella, mi desconcierto fue enorme al comprobar que, desde el mismo prólogo, Cervantes hablaba de la existencia y pública circulación de una segunda parte del Quijote que no procedía de su mano sino de la de un tal “Alonso Fernandez de Avellaneda natural de la villa de Tordesillas”, cuyo nombre y origen eran, para el autor del Quijote, falsos. “Si, por ventura, llegas a conocerle, dile de mi parte que no me tengo por agraviado: que bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer e imprimir un libro, con que gane tanta fama como dineros, y tantos dinero cuanta fama” (II, prólogo, 325)”

Recordé entonces ese Quijote de Avellaneda del que hablaba mi abuelo Manuel y seguí con mucha atención las referencias que Cervantes hacía de él en su obra (así por ejemplo, el Quijote de Cervantes, presencia la corrección de pruebas del Quijote de Avellaneda en una imprenta…)

Todo ello despertó mi interés. Con alguna dificultad localicé en una librería de viejo un ejemplar del Quijote denostado por Cervantes.

Su lectura me conmocionó. No tanto por la calidad literaria, sin duda inferior a la obra de D. Miguel, aunque muy apreciable y divertida, dentro de su trazo grueso. El impacto vino dado porque en Avellaneda están las claves de la segunda parte de Cervantes: El de Avellaneda llega a Zaragoza a participar en las justas de San Jorge, en el Coso zaragozano. El de Cervantes no entra en Zaragoza porque el de Avellaneda ha estado allí y se va a Barcelona. El de Cervantes va a casa de los Duques como trasunto de la estancia del Quijote apócrifo en la corte de Madrid. El quijote cervantino visita a Dulcinea nada más salir de su casa para distanciarse del avellanesco que ha repudiado a Dulcinea (El Caballero Desamorado). Don Quijote se encuentra con una compañía de comediantes que acaba de representar un Auto sacramental de Lope de Vega, del mismo modo que el caballero de Avellaneda se había encontrado con una compañía de comediantes que representaban El testimonio vengado del mismo Lope. Don Álvaro Tarfe, que aparece en el capítulo 72 de Cervantes, es personaje principal del Quijote de Avellaneda….

Resulta por ello, en mi opinión, recomendable para todo lector cervantino que desee captar en plenitud la esencia de la segunda parte de Cervantes, la lectura previa del Quijote de Avellaneda.

Les aseguro que no les defraudará

Unas notas para terminar. ¿Quién era en realidad “Alonso Fernandez de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas”?

Con toda seguridad sabemos que ni se llamaba así, ni era natural de la villa de Tordesillas.

Sí sabemos que Cervantes lo conocía y que pretendió dar, en el propio Quijote, claves suficientes para identificarlo, claves que, sin embargo, han generado mucha confusión de modo que se han sugerido muy diversas autorías: Pedro Liñán de Riaza, Baltasar Elisio de Medinilla, Lope de Vega, Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, Jerónimo de Pasamonte, Cristóbal Suárez de Figueroa….

De entre todas ellas, y sobre todo a partir de los estudios de Martín de Riquer, ha cobrado fuerza la tesis de la atribución de la autoría al soldado y escritor aragonés Jerónimo de Pasamonte, cuya figura se identifica con la de Ginés o Ginesillo de Pasomonte, galeote en la primera parte y Maese Pedro en la segunda del Quijote cervantino.

Esta polémica tiene su reflejo en el mundo de la ficción en una hermosa novela escrita hace unos cuantos años por Alfonso Mateo-Sagasta, “Ladrones de tinta”, cuya lectura también les recomiendo.

  Ladrones de tinta


El estudioso Joaquín Melendo Pomareta ha aportado algunas curiosas claves sobre la posible autoría de Jerónimo de Pasamonte

Unos datos de interés: Pasamonte nació en Ibdes (Zaragoza), pueblo de la Comunidad de Calatayud, el 8 de abril del 1553. Participó, como Cervantes, en la batalla de Lepanto (1571), y fue capturado por los turcos en 1574, permaneciendo cautivo 18 años. Su liberación se produjo en 1592. Escribió unas memorias, Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte.

El Quijote de Avellaneda, en su camino a las justas de San Jorge de Zaragoza, penetra en Aragón por la Comunidad de Calatayud y el relato de sus aventuras incluye descripciones muy fidedignas de algunos lugares que Avellaneda debía conocer muy bien, ya que se trata de la Iglesia de San Miguel Arcángel de Ibdes, su localidad de nacimiento.

Así, Melendo Pomareta cita un pasaje del Quijote de Avellaneda

 “Llegaron en esto al lugarcillo... y llegados a su mesón, se apearon en el todos por mandato de Don Quijote, el cual se quedó en la puerta hablando con la gente que se había juntado a ver su figura. Entre los que allí a esto habían acudido, no habían sido de los postreros los dos alcaldes del lugar; el uno de los cuales, que parecía más despierto, con la autoridad que la vara y el concepto que él de sí tenía le daban, le preguntó, mirándole:

-Díganos vuesa merced, señor armado, para dónde es su camino y cómo va por éste con ese sayo de hierro y adarga tan grande; que le juro en mi conciencia que ha años que no he visto a otro hombre con tal librea cual la que vuesa merced trae. Sólo en el retablo del Rosario hay un tablón de la Resurrección, donde hay unos judiazos despavoridos y enjaezados al talle de vuesa merced; si bien no están pintados con esas ruedas de cuero que vuesa merced trae, ni con tan largas lanzas” (Avellaneda, capítulo XXIII).



Sarga de la Resurrección (4,50x2,70 ms.)
Iglesia de San Miguel Arcángel de Ibdes.


Otra curiosa descrición recogida por Melendo Pomareta: Sancho se refiere también al altar de la Virgen del Rosario:

En mi lugar tenemos también una iglesia que, aunque es chica, tiene muy lindo altar mayor y otro de Nuestra Señora del Rosario con una Madre de Dios que tiene dos varas en alto, con un gran rosario alrededor, con los padres nuestros de oro, tan gordos como este puño(Avellaneda, capítulo VIII).

Virgen del Rosario (s. XVI)
Iglesia de San Miguel Arcángel de Ibdes.

¿Sorprendente, verdad?

Les ofrezco algunas referencias bibliográficas de interés:





3 comentarios:

jano dijo...

Mi querido GULLIVER ¡ al fin recuperado y con tal entrada!
A fe mía que estudiaré vuestra propuesta de Quijote a Quijote, de Cervantes al tal Avellaneda ignoto, que vuestro sabio abuelo apreció en lo que valía: denostado Quijote del tal Avellaneda desde la edad escolar, aún con gran calidad literaria pero sin la profundidad del personaje/es que pintó Cervantes.
Avellaneda, creo, hizo magnífica narración literaria de ambos personajes ya creados pero... Cervantes les puso el alma que les permitió salirse del papel impreso para tomar vida, para crecer como seres humanos aún en su esperpento vital, transcendiendo en la fusión de dos carácteres totalmente opuestos y por ello complementarios.
Un placer recuperarte, amigo Gulliver, para mucho tiempo.

Gulliver dijo...

Un placer leer su comentario, amigo Jano. Espero que lo disfrute. Mas si quiere arrancar de modo más ligero, anímese con "ladrones de tinta". No le defraudará

Aunque mis quehaceres me han alejado demasiado de esta pequeña afición bloguera que compartimos, prometo enmendarme, aunque sea a modo de Guadiana.

Un abrazo

jano dijo...

No me defraudará, querido amigo, porque pienso leer el libro que me propones por ser aficionado cervantino.
Que la historia siga con tu viaje bloguero, que se echaba en falta.
Un abrazo.